sábado, 4 de abril de 2009

Bloqueo

No quiero escribir, pero debo hacerlo porque en mi cabeza (cada vez más pequeña) siento que se acumulan ideas de todas formas y colores ,y ahora realmente no veo nada.


Mala racha ayer, quise ligarme a un alguien ya sea hombre o mujer, pero, todos eran hiper- mayores y como que no...
.
.
Y ahora es el vacío, no soy de aquí ni de allá; no soy una cosa ni otra; no me hayo; jaja y ¿ultimadamente esto a ustedes que les importa?
Nada, nada, no hay como andar creyéndose que se está vacio cuando lo único que sucede es que ya no podemos ver nada.
.
.
Repetir tantas veces "nada" lo hace algo...diablos, entonces queda el vacio...

martes, 24 de marzo de 2009

Ruido

¿Dormir? ¿En serio quieres que duerma? Imposible, de verdad, no quiero, que tal que... no sé. Te lo digo, me da miedo y si ya sé que no te importa porque dormir es parte de la naturaleza humana y estoy de rara y nomás me quiero hacer la interesante. Pero no, nada de eso que piensas es. Voz de mi cabeza, ruido de mi corazón ¡callate ya! Imagina que todo lo que piensas ahora, mañana cuando te despiertes habrá desaparecido, dejarás de ser esto que crees ser ahora, tendrás que re-configurarte. Horror.

Sí, muero de sueño, pero no quiero dejar de ser esto que soy ahora, detesto, de verdad perder eso que ahora tengo. Me siento yo... un poco gris quizá, triste, sí. Es ahora que te escucho, ruidito molesto, finalmente cobras vida dentro de mí y ahora quiero amar a aquel, abrazar a aquella otra y así, pero eso sólo si estas tú, ruido.

Sueño, dormir, despertarse. Si me despierto ando angustiada, pero no sé porqué, es como arrojarse al vacío diario sin saber que se anda en el vacío; si voy a andar cayendo, pues que sea de una vez ¿o no?, tú qué dices ruido que ahora te callas. En fin ¿nada? ya me la esperaba, te gusta dejarme en la nada, mañana...pesadilla; ahora angustia de perderme, y despues de no encontrarme. ¿Como podré eventualmente encontrarme si nunca puedo quedarme en el fondo del barranco y "echar raíces" en algún lado? ¿Porqué la insistencia de hacerme caer siempre?
Quedarme despierta quisiera yo, pero no se puede verdad...¿o sí? Nah... sería como estar dormida pero en pseudo-conciente. Entonces dormiré y mañana no entenderé porqué te escribo esto, y si sí es porque no he dormido del todo. Ruido

viernes, 20 de marzo de 2009

Relato del "Monte de las Cruces"

Y esa misteriosa anciana optó por sentarse junto a mí. Usaba lentes de mica negra, una blusa de fondo blanco llena de florecillas azules y de diminutas hojas verdes. No creo que mi mirada haya sido muy discreta, y por eso mismo, me pregunto porqué no volteó nunca a verme. Su falda gris llegaba mas abajo de sus rodillas, usaba medias claras, y zapatos de piel negros. La verdad, ahora que lo pienso, creo que ni siquiera notó mi presencia, a pesar de ser la segunda vez que se sentaba a mi lado en la semana.

Para caminar usaba un bastón gris, como su falda. En sus hombros llevaba una mochila negra terriblemente pesada, o al menos eso creí al verla, también cargaba un suéter azul claro, como el de las flores de su blusa.


El autobús iba lleno, bueno, casi, a mi izquierda quedaba un lugar vacío. Nadie quizo sentarse allí, tampoco entiendo porqué, ¿los habré visto feo? o será que simplemente les gusta andar de pie. En fin, cuando vi a dicha anciana pequeña, de bastón y arrugada no dudé en dejarle claro que se sentara a mi lado, no porque sintiera la necesidad de llenar ese "vacío", sino porque me parecía impensable que se quedara parada. Imaginen como me sentí, cuando la vi darme la espalda y sostenerse de uno de los tubos de metal del bus. El asiento seguía vacío y terminé durmiéndome.
En algún momento del camino sentí que debía despertarme, estaba esa viejita "limpiando" el asiento a mi lado. Yo no vi ninguna migaja o basura que "limpiar", pero aparentemente ella sí y ¡vaya que eran muchas! Finalmente, en un proceso que yo creí no terminaría, se sentó, para lo cual acomodo de cinco maneras diferentes la mochila (pesada) sobre sus piernas, optó por la cuarta forma. El suéter también tuvo que ser constantemente "rehubicado" sobre la mochila, hasta que decidió ponérselo. Así esa señora arrugada tenía una mochila enorme "acostada boca arriba" sobre sus piernas y con un bastón entre éstas.
Me parece increíble que aún no les haya dicho que durante todo este tiempo murmuraba; primero pensé que me hablaba y me desperté, pero no, se hablaba a sí misma. Ésta podría ser otra razón por la cual ni me haya visto cuando le hice "evidente" que había un lugar junto a mí, ni cuando la observaba detenidamente. En fin, ingenuamente creí que podría dormir sin mayores "distracciones", pero no; aquella pasita toda arrugas no dejaba de sacudir su ropa, de la misma forma que limpió el asiento, como si cubierta de polvo, intentara desesperadamente quitárselo de encima. Pensará quizá el lector que soy una quisquillosa, pero vaya, me inquietaba que se moviera tanto la señora esa, usualmente la gente se sienta y ya, casi ni nos damos cuenta de su existencia (lo cual no digo que sea bueno) pero nadie antes había tenido esa obsesión "quita polvo".
Añado a esto que, cuando no se "sacudía" se sostenía fuertemente del respaldo frente a ella y se inclinaba hacia adelante y hacia atrás, como si estuviera orando. Eso sí, pies y piernas permanecían inmóviles.
Yo no podía ya ignorarla, lo que pasaba por la carretera me tenía sin cuidado. ¿Qué diablos limpiaba o sacudía? ¿debía y debo hacer yo lo mismo? ¿porqué nadie más se le queda viendo "raro"? y sobre todo ¿qué tanto murmuraba? Gracias a sus lentes, los ojos se le veían pequeños, no parecía estar loca, de hecho su concentración le daba un aire autoritario y "cuerdo". Creo que sí, me daba un poco de miedo; se veía pequeña, pero no por eso débil, realmente prefería no dormir por temor. No podía saber que haría esa curiosa mujer, a qué se dedicaba y cuando hay tanto misterio, mas vale dudar. Así pasó el camino o pasamos nosotros por él y llegamos a la panadería del pueblo. La anciana tomó su bastón primero, luego sujetó su mochila, la cargó con su brazo derecho; ápoyándose en el bastón, sin mucho esfuerzo logro levantarse. Murmurando se colocó, diestramente, la mochila en su espalda; volteó a verme o eso creo. Quizá veía las cosas de manera distinta a nosotros y por eso tenía que "sacudirse"de eso que yo y los demás no podíamos notar.
Le sonreí, por si las dudas me reprochaba con esa mirada seria y fría, el haberla observado durante todo el camino. ¡Qué chistosa le salía yo, sonriéndole! Pena debía haberme dado. En fin, ni siquiera lo notó o al menos eso me pareció y sigue pareciendo. Bajó lentamente del autobús porque se había "soltado" la lluvia (el porqué y de dónde se soltó, lo ignoro) Así que de nuevo, me encontraba sola, nadie se sentaba a mi lado a pesar de venir lleno el "camión". Opté por dormir, esta vez confiaba en la normalidad de las personas que me rodeaban. Error mio, pensarán ustedes, y no los contradigo; pero, la necesidad de dormir, se pudo presentar en mí entre esa gente medio ausente, la gente promedio.

La soledad del sueño

Al final del día ellos están solos.
Antes de dormir empiezan a aislarse, sus pensamientos giran en espiral hacia un centro que no pueden ver. Un punto profundo, cuyo fin no podemos percibir, lleno de imagenes del hoy ya caduco. Del cuarto desaparecen el buró, el escritorio, la lampara del buró, el librero, el closet; desaparece todo menos la cama. Lecho de sus amores y de sus lágrimas, pesado recuerdo de saberse solos.
La luz, tangible, es respirada; la garganta reseca, piden un poco de sombra, no la hay, en el cuarto sólo están ellos y la cama.
Luz reveladora de la nostalgia de quien, enamorado, no quiere saberse solo.
Luz maldita y cegadora que no deja ver las memorias. Imágenes hechas sombra, trazadas con un suave lápiz que parecen borrarse girando. Un espiral que no acelera, dulce agonía de quien ve pasar lo que ya fue y no volverá a ser. No lloran los solitarios, no sufren; tristes están, la luz no los deja dormir. Respiran ese aire cálido y luminoso y siguen sedientos, con los labios secos. Cansados de respirar luz cierran los ojos; ven frescas sombras deslizarse hacía ese centro desconocido, sienten su corazón palpitar, se sienten a sí mismos. Los procesos neurológicos, con sus pequeñas descargas eléctricas, estimulan el tacto. La antigua sed se vuelve casi imaginaria, las claras sombras del recuerdo juegan a caer y cuanto más rápido caen, aumentan los estímulos eléctricos. Conciencia absoluta del cuerpo, soledad no triste ya. Sueño, tranquilidad del enamorado, que en su cama deja caer su pesada cabeza llena de sombras, ahora estáticas. Duerme éste, y no se da cuenta que su angustia ha terminado.

domingo, 15 de marzo de 2009

Primero sueño - Sor Juana

El alma, pues, suspensa
del exterior gobierno,-en que ocupada
en material empleo,
o bien o mal da el día por gastado-,
solamente dispensa
remota, si del todo separada
no, a los de muerte temporal opresos
lánguidos miembros, sosegados huesos,
los gajes del calor vegetativo,
el cuerpo siendo, en sosegada calma,
un cadaver con alma,
muerto a la vida y la muerte vivo,
de lo segundo dando tardas señas
el del reloj humano
vital volante que, si no con mano,
con arterial concierto, unas pequeñas
mustras, puksando, manifiesta lento
de su bien regulado movimiento.

viernes, 13 de marzo de 2009

De la nada se sigue el todo

Después de la nada está el todo. La cosa es salir de la nada, que en sí, ya es un todo. La diferencia radica en la oscuridad de uno y en la claridad del otro. En la nada, los contenidos están comprimidos, se encuentran tan pegados los unos a los otros que no se logran distinguir. La nada comprime el todo hasta que cada cosa termina siendo lo mismo; no hay espacio entre los objetos, todo está ocupado por todo, y no existen las diferencias. ¿Qué podemos decir de ese todo comprimido? No hay nada en él, no podemos definirlo ni señalar sus diferencias; la nada es eso, puro “uno” oscuro y confuso, porque estar en él no es como flotar; la nada es estática, densa. Tampoco podemos movernos en ella, somos comprimidos y ese es el único cambio en nosotros.

La nada está presente cuando el corazón se ausenta, la nada es el resultado que deja la razón cuando quiere encargarse de los sentimientos. El pseudo entendimiento de las emociones no nos guía por los claros del camino, sino que tiende a ocultarse entre bosques de lobos feroces. La razón es débil si el corazón no le ofrece su apoyo, la razón sola va en declive.
El todo nunca nos deja, el todo está en la nada, haciéndola algo distinto. Es fruto del corazón y de la mente, camino claro hacia un lugar desconocido, rebosante de cosas plenas y bellas. El corazón separa con diligencia y sabiduría lo que a él se le presenta; ilumina y señala los peligros que la razón sola no consigue ver. Es el órgano sensible que recibe las emociones y da motivos a la mente para reflexionar de manera ascendente y no descendente; expande y no comprime. El todo sigue a la nada, en cuanto el primero nunca nos abandona y el segundo es sólo un momento, largo o corto de oscuridad.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Mauricio

-¿Cómo te sientes?
-Pues como así.
-¡Ah! Pues no te entiendo, dilo, será mas fácil.
-¡Si voltearas a verme quizá entenderías! Es una cosa de este tipo...ya sabes.

Mauricio no dice nada, la observa, se ve tan ridícula moviendo sus brazos en círculos. La mano derecha giraba rápidamente, mientras que la izquierda se empeñaba en obstaculizar su paso; después intercambiaban papeles y giraba la izquierda hacía cualquier dirección y la derecha siempre se lo impedía. A Carla le parecía clarísimo que todas sus emociones se daban a entender en ese movimiento.

- Ve, no te entiendo.
-¿Ver? Yo qué debo ver si no me estás mostrando nada, sólo hablas. Si pudiera decirte como me siento ya no me sentiría tan mal, porque al menos "eso" ya tendría nombre.
-No exageres, tienes las palabras necesarias para decírmelo, además hay tiempo, no me digas que tienes que "trabajar"...

Carla rompe en llanto, él no parece entender que no pueda decir nada de lo que pasa por su cabeza.
No hay palabras, sino ruido y las imágenes están borrosas; sólo siente su mente girar. Sus ideas, pesares y memorias se unen en un mismo punto, casi imperceptible. Empiezan a dar vueltas, cada vez con mayor velocidad. La aceleración es tal que idea,pesar y recuerdo se hacen uno, grande y veloz.
Mauricio, al verla en tal estado le pide perdón, aunque no cree haber hecho nada que merezca pedirlo. Carla percibe desde el abrazo que él no sabe nada, y ni quiere saberlo, porque no desea entender lo primero: ella no puede expresar sus sentimientos. Con cierto enojo lo aleja de sí, se seca las lágrimas de sus ojos azules y se aleja de él, casi corriendo.
Una vez lejos ya no huye de él, pero de sí misma, de ese cuerpo interior que va adquiriendo volumen y que cubre como un velo negro su alegría. Huye del todo que la oprime, eso que Mauricio interpreta como "nada importante", porque no se puede decir. No quiere llorar y le duele la cabeza; desea pensar, definir en cierto modo eso que le pasa, pero no puede, la masa no deja de acelerar.

-Carla, veme, ¿estás bien?
-¡Mauricio! ¿donde estoy?
-Contesta ¿estás bien?
-No.
-¿Cómo te sientes?
-Triste.
-¡Ah bueno! Nada de que preocuparse.