jueves, 8 de octubre de 2009

Fragmentos--no ideas completas

Ayer soñé que se escapaba un hamster de su jaula,
hoy busqué en la jaula ese mismo hamster y ya no estaba.
La sangre sube, sube para perderse en el corazón.
El aire no llena los pulmones.
Se cae poco a poco, suicidio.
Entre tus ojos que nada dicen Alicia,
entre tus palabras incomprehensibles
escondes la fe en ti misma.
Sus ojos le piden que sea fuerte.
Te llaman Alicia,
te llaman, pero tú no escuchas.
Ese cuerpo no es suyo.
El rostro hecho polvo
escucha el sonido muerto de un tambor.
Alicia ¿qué hiciste?
No entiendes,
no entiendes nada,
por primera vez, has sido realmente salvada.
Eres mujer,
mujer del amado,
amante,
una y otra vez amada.
Corre tras ella,
grande y hermoso,
vuelve la paz,
no hay tambor,
lo respira.
Esta es la vida Alicia y nunca pudo ser más plena.

jueves, 1 de octubre de 2009

Tacubaya

Yo no tenía nada que hacer ese día, simplemente quería llegar a casa. Una señora de vestido rosa, de esos que parecen tela de cortina, desaliñaba la fila accidentalmente perfecta de los usuarios del metro. No sé porqué pensé que sería buena idea preguntarle si necesitaba ayuda. Con una voz ronca pero suave me dijo que se dirigía a la línea café. Me sorpredió el hecho de que anduviera con un paso tan firme sin saber, aparentemente, hacia donde quedaba su rumbo. La hubiera acompañado hasta las escaleras casi infitas de la línea de no ser que tenía hambre. Le dije que yo la dejaba allí porque yo uso la línea rosa, y sonriente se despidió. Volví a la misma apatía, al mismo estado inerte.Permanecí en ese estado hasta que volvío a mí la imagen de la señora ciega, su bastón en la mano, los lentes oscuros llevados con cierta gracia. Me parecía casi ridícula la conversación, la línea café pudo haber sido amarilla, la estación pudo haber sido otra, pero esa señora parecía saber de que hablaba, yo ya no entendía.

martes, 29 de septiembre de 2009

El todo y la nada -bis-

Alojada en el fondo de una nada que todo promete; la fusión absoluta con el miedo y la alegría informe. Muerte prematura de una mente vacía. Camina errabunda, incapaz de olvidar la pena, incapaz de devolver a esa nada el error una y otra vez repetido.
Y quizá sólo ahora se da cuenta que la nada ya no existe, los pies fugitivos desean alcanzarla, pero el suelo se los impide. Las personas son como fantasmas, los fantasmas son sólo recuerdos.
Recuerdo la nada, el miedo trepidante frente a mi propio vacío tan lleno de impulsos sin causa. Recuerdo la ausencia absoluta de mí misma, tan mezclada con ese todo que nada es. Recuerdo el vértigo, recuerdo la nausea.
El simple ejercicio de mi memoria confirma el hecho de que ya no estoy en la nada, soy dolor, soy vergüenza, soy decepción, soy todos los fantasmas invisibles de una nada que he dejado atrás; un fantasma hecho persona. El aire que respiro me corresponde, el agua que tomo es mía, la piel que me rodea es sagrada; si me muevo la flor muere.
Atrapada por mí misma,la mente grita entre esa frágil línea donde las cosas que no existen prometen y las que existen aún quedan lejos. El paso definitivo, el cambio de ciclo, no hacia el todo, sino, hacia una nada menos fragmentada.

viernes, 18 de septiembre de 2009

La penúltima versión de la realidad

Soy los besos perdidos en tu cuello,
soy los minutos en los que te abrazo,
incluso soy el instante del beso en el que te abrazo.
-
Me persigue la voz inmortal,
la palabra encantada,
no me abandona tu boca.
-
Eres la mano que me canta al oído,
eres la piel bajo la mano,
eres el oído enamorado.
-
Soy la hora del tráfico,
eres la tarde nublada,
eres el puro instante, la gota de agua,
soy el río que te lleva cuesta arriba, cuesta abajo.
-
Sin haber sido, somos,
sin pronunciarnos mutamos.
Somos el relato que crece y se desmorona,
que corre y se cuenta a sí mismo.
-
Añado lo siguiente;
somos el beso,
la lágrima,
la tristeza.
-
Somos la piel que nunca se olvida,
el instante electrizante
donde no sólo somos tiempo,
sino, espacio.

Sólo la punta del iceberg del genio de Borges

jueves, 3 de septiembre de 2009

Viaducto

Estaba sentada en la esquina de la banca, los pies bien apoyados sobre el suelo, las manos sobre sus rodillas. Su cuello de búho giraba impaciente de derecha a izquierda una y otra vez, Martín no llegaba.
El café se había quedado sobre el buró y la carta medio abierta de Veronica descansaba, indignada, sobre la almohada verde de su destendida cama. Tomó su cubo de colores, lo desordenó, fue mecánico: dos a la izquierda, dos a la derecha, azules por rojos, rojos por amarillos, estos por verdes y nunca verdes por los primeros. Continuamente desacomodado, el cubo cedía ante la pasión de la mujer desesperada.
El retraso de media hora no convertía la llegada de Martín en un alivio, ansiosa por cubrir su deseo le mostró su cubo, perfectamente ordenado. El coche esperaba en la esquina, largo, negro, ni tan nuevo ni tan bueno, pero, de manejo suave. El aire insoportable llenaba el interior del auto, los vidrios bloqueados, la radio descompuesta, su voz cínica de hombre guapo lejos muy lejos. Tomarían vino, ella lo sabía, mucho vino; caminarían, fumarían, e, irían al bar de siempre a escuchar la misma banda mala de jazz electrónico. Una noche ácida.
Claxón, se repite estridente al unísono, ella avanza, ni se percata del mal humor del resto de los conductores. La mano sobre su pierna, quiere no sentirla; imagina el vino, la copa, la mesa; imagina el aroma, el color; imagina el primer sorbo, como dulce seda que se desliza por la lengua y por todo el cuerpo envolviéndolo. Ve su mano sobre su cabeza acomodándole su largo cabello negro, siente que se deslizan sus dedos por su cuello. Los ojos quieren cerrarse, capturar para siempre el momento.
Él la ve inmóvil, quizá desesperada por el tráfico, el humo de todos los coches capturados entre los espacios que existen entre ellos. Resiste la tentación de evadirse, disfruta la tortura, lo ve, sonriente.
Esa noche no fumaron, ni salieron, tampoco caminaron. Tomaron la copa, y bebieron cautelosamente el vino, se dejaron abrazar por él, rendidos el uno ante el otro. El beso, labios que se quiebran, primera punzada del tacto, sentidos entremezclados, un sólo corazón que se estremece y palpita.


sábado, 29 de agosto de 2009

Soundless

All that no-one sees,
You see what's inside of me,
Every nerve that hurts,
You heal deep inside of me.
Joga-Bjork
Él ve el suelo, la cabeza bien baja no sabe siquiera hacia donde caminan. Cada tres pasos hay una flor en la banqueta, solo él la puede ver. Le dice que se detengan, sólo unos segundos, la flor se mueve, es la misma, lo sigue. Ella no escucha, va tras una mariposa gigante, prófuga del zoológico. Quiere llover sobre la ciudad, se detienen, los ojos verdes lloran, pero ella no lo sabe. Conmovido cree que la ha herido, no es cierto, ella sonríe, le pone la flor entre sus manos, palpita.
Quisiera hablar pero no puede, sus palabras son hojas verdes o puro otoño, crujen se deshacen. Quisiera pensar, pero no sabe; le gustaría poder entrar a su mente y ordenar el imaginario completo, querría entender su propio desorden. Quisiera conocer el caos que la hace parecer tan torpe, quisiera dejar de perseguir mariposas y decirle que lo ama. Murmurarle palabras que no existen, como en ese viejo poema de Brell, y que él solo entendería. Quiere que la besen, pero no se atreve a sugerir el beso. Crecen en su pecho, como enredaderas, las venas. La piel blanca impaciente pide un beso, por las mejillas ruedan dos pequeñas lágrimas verdes.
La fuite, toujours la fuite; un monde, nôtre monde. Une petite maison a nous, construite de mots et de bisous. El límite de sus palabras, deseperación absoluta, casi muda.

Sunrise, sunrise

Lunes, el despertador suena, no lo escuchamos, fuera de la cama hace frío. Primer día de trabajo, jefe excéntrico, trafico, no hay gasolina. Me hago pequeña entre sus brazos, no nos movimos durante la noche, realmente hacía frío. Torpemente intentamos callar al despertador, se cae el vaso de agua; estira el brazo, deja caer el tomo II de su novela clásica traducción de fulanito de tal sobre el agua.
La caída, el ruido, la mañana finalmente lo sorprenden. Nos levantamos, hoy me toca lavarme los dientes primero.
Huele a café, él lo odia, no lo hace muy bien, me encanta. No hay ropa seca, ni limpia, creímos que el lunes llegaría en dos días. Quedan cinco minutos, podríamos llegar temprano, pero, sólo queremos llegar a tiempo. Un beso, dos; se siguen, corren uno detrás del otro y se escapan jugando a alcanzarse. Empate, nadie gana cada quien toma su carro.
El escritorio nuevo presume sus documentos azules y amarillos. Hay una pluma fuente en la esquina superior izquierda, a mí me pusieron una margarita; su oficina está vacía. El fax suena, la copiadora suspira, se lamentan pero nadie los escucha. La secretaria me presiona, quiere irse temprano, mi computadora no es mac, ni xp, una pesadilla.
Pasa la hora de la comida sin ninguna novedad, me pregunto si será mejor usar la impresora de la sala general o la que está en el centro de copias. La primera me queda más cerca, la segunda es un pretexto para alejarme de Sandra la secretaria. No tomo ninguna decisión, en primer lugar no debería estar trabajando.
La tarde no pasa, Luis no está; la gente me habla, no son Luis; Guzmán me ofrece café, está bueno, pero no lo hizo Luis. Son las siete; no, son las seis con cincuenta y nueve minutos; de nuevo, siete; retrocede, seis con cincuenta y ocho; vuelve, avanza.
Los semáforos no son rojos, ni verdes. Todos manejan en estado de ebriedad, el niño de tres años está parado sobre el asiento delantero, me ve por la ventana, no le digo nada a la madre. Vamos a casa, la radio descompuesta, los vidrios empañados; urge llegar a casa.
Llegamos, gotas de sudor se deslizan sobre nuestro cuello. Vencidos una vez más por este sistema "jefe-empleado" que no nos convence.
El agua hierve en la cocina, suena un poco de música, su lentitud nos envuelve. El agua cae en la regadera, revivo, está fría. Felices y mudos, volvemos a la cama, el uno dentro del otro. Se pierden mis ojos entre sus palabras, el corazón que palpita; el primer beso, la primera caricia, la primera sonrisa; veo verde.
Respiramos, nos llenamos de aire, me toma del brazo y nos sumergimos. Desnudos entre algún mar y algún río, cubiertos por su espuma, pelean un pez espada y una boa. Giran, retroceden, crece la luna, la rodean. Sin oxígeno caen rendidos al fondo de las sábanas. Mi mano sobre su espalda dormida juega a recorrer su piel erizada.