domingo, 11 de octubre de 2009

The knight of infinite resignation

La ciudad respira cuando caminas por sus calles sucias. Saliste temprano de casa, pensabas en el gris de la bufanda, en el gris del gato, en el gris del cielo, te sentías tranquila porque a no te asusta la lluvia. Tomaste el camino más largo para llegar al parque y en cada paso pensabas menos en el gris y un poco más en él. Pensabas en el café de sus ojos, recorrías la distancia que los separaba sabiendo que nunca llegarías e imaginabas que allí estaban mas juntos que nunca. Caían hojas pseudo otoñales en el suelo y corrías tras ellas para hacerlas tronar bajo tus pies de niña.
El parque tiembla con tu risa y el rocío se pega a tus zapatos limpios. Te meces en uno de los columpios mojados, no muy preocupada por dejar húmedos tus jeans nuevos. Piensas en la distancia, dejas de respirar, te sientes muy sola. Pero tu corazón palpita, lo invoca, sientes su mano en la mejilla. Dejas caer unas cuantas lágrimas saladas al mismo tiempo que una nube pesada arroja al suelo gotas diminutas de agua helada.
Las flores se quedan sin sus pétalos cuando te desmoronas y dejas de pensar tanto en la mano como en el beso. Estás dispuesta a dejarte caer, deseas ser el rocío que se pega a sus pies ,o la hoja que truena bajo sus zapatos, o la ciudad que respira cuando él camina; tu corazón arde en deseo pero sólo piensas en desaparecer.
Mis ojos brillan cuando te fusionas y te conviertes en este pseudo otoño, mis ojos brillan cuando el pasto húmedo en el parque eres tú y ningún otro pasto podría serlo.

jueves, 8 de octubre de 2009

Nota final de hoy

It is the same nightmare, the fish dies and I kill the fish. There s no room for both of us, but at the end none of us really dies, we just hide away from each other.

Fragmentos--no ideas completas

Ayer soñé que se escapaba un hamster de su jaula,
hoy busqué en la jaula ese mismo hamster y ya no estaba.
La sangre sube, sube para perderse en el corazón.
El aire no llena los pulmones.
Se cae poco a poco, suicidio.
Entre tus ojos que nada dicen Alicia,
entre tus palabras incomprehensibles
escondes la fe en ti misma.
Sus ojos le piden que sea fuerte.
Te llaman Alicia,
te llaman, pero tú no escuchas.
Ese cuerpo no es suyo.
El rostro hecho polvo
escucha el sonido muerto de un tambor.
Alicia ¿qué hiciste?
No entiendes,
no entiendes nada,
por primera vez, has sido realmente salvada.
Eres mujer,
mujer del amado,
amante,
una y otra vez amada.
Corre tras ella,
grande y hermoso,
vuelve la paz,
no hay tambor,
lo respira.
Esta es la vida Alicia y nunca pudo ser más plena.

jueves, 1 de octubre de 2009

Tacubaya

Yo no tenía nada que hacer ese día, simplemente quería llegar a casa. Una señora de vestido rosa, de esos que parecen tela de cortina, desaliñaba la fila accidentalmente perfecta de los usuarios del metro. No sé porqué pensé que sería buena idea preguntarle si necesitaba ayuda. Con una voz ronca pero suave me dijo que se dirigía a la línea café. Me sorpredió el hecho de que anduviera con un paso tan firme sin saber, aparentemente, hacia donde quedaba su rumbo. La hubiera acompañado hasta las escaleras casi infitas de la línea de no ser que tenía hambre. Le dije que yo la dejaba allí porque yo uso la línea rosa, y sonriente se despidió. Volví a la misma apatía, al mismo estado inerte.Permanecí en ese estado hasta que volvío a mí la imagen de la señora ciega, su bastón en la mano, los lentes oscuros llevados con cierta gracia. Me parecía casi ridícula la conversación, la línea café pudo haber sido amarilla, la estación pudo haber sido otra, pero esa señora parecía saber de que hablaba, yo ya no entendía.

martes, 29 de septiembre de 2009

El todo y la nada -bis-

Alojada en el fondo de una nada que todo promete; la fusión absoluta con el miedo y la alegría informe. Muerte prematura de una mente vacía. Camina errabunda, incapaz de olvidar la pena, incapaz de devolver a esa nada el error una y otra vez repetido.
Y quizá sólo ahora se da cuenta que la nada ya no existe, los pies fugitivos desean alcanzarla, pero el suelo se los impide. Las personas son como fantasmas, los fantasmas son sólo recuerdos.
Recuerdo la nada, el miedo trepidante frente a mi propio vacío tan lleno de impulsos sin causa. Recuerdo la ausencia absoluta de mí misma, tan mezclada con ese todo que nada es. Recuerdo el vértigo, recuerdo la nausea.
El simple ejercicio de mi memoria confirma el hecho de que ya no estoy en la nada, soy dolor, soy vergüenza, soy decepción, soy todos los fantasmas invisibles de una nada que he dejado atrás; un fantasma hecho persona. El aire que respiro me corresponde, el agua que tomo es mía, la piel que me rodea es sagrada; si me muevo la flor muere.
Atrapada por mí misma,la mente grita entre esa frágil línea donde las cosas que no existen prometen y las que existen aún quedan lejos. El paso definitivo, el cambio de ciclo, no hacia el todo, sino, hacia una nada menos fragmentada.

viernes, 18 de septiembre de 2009

La penúltima versión de la realidad

Soy los besos perdidos en tu cuello,
soy los minutos en los que te abrazo,
incluso soy el instante del beso en el que te abrazo.
-
Me persigue la voz inmortal,
la palabra encantada,
no me abandona tu boca.
-
Eres la mano que me canta al oído,
eres la piel bajo la mano,
eres el oído enamorado.
-
Soy la hora del tráfico,
eres la tarde nublada,
eres el puro instante, la gota de agua,
soy el río que te lleva cuesta arriba, cuesta abajo.
-
Sin haber sido, somos,
sin pronunciarnos mutamos.
Somos el relato que crece y se desmorona,
que corre y se cuenta a sí mismo.
-
Añado lo siguiente;
somos el beso,
la lágrima,
la tristeza.
-
Somos la piel que nunca se olvida,
el instante electrizante
donde no sólo somos tiempo,
sino, espacio.

Sólo la punta del iceberg del genio de Borges

jueves, 3 de septiembre de 2009

Viaducto

Estaba sentada en la esquina de la banca, los pies bien apoyados sobre el suelo, las manos sobre sus rodillas. Su cuello de búho giraba impaciente de derecha a izquierda una y otra vez, Martín no llegaba.
El café se había quedado sobre el buró y la carta medio abierta de Veronica descansaba, indignada, sobre la almohada verde de su destendida cama. Tomó su cubo de colores, lo desordenó, fue mecánico: dos a la izquierda, dos a la derecha, azules por rojos, rojos por amarillos, estos por verdes y nunca verdes por los primeros. Continuamente desacomodado, el cubo cedía ante la pasión de la mujer desesperada.
El retraso de media hora no convertía la llegada de Martín en un alivio, ansiosa por cubrir su deseo le mostró su cubo, perfectamente ordenado. El coche esperaba en la esquina, largo, negro, ni tan nuevo ni tan bueno, pero, de manejo suave. El aire insoportable llenaba el interior del auto, los vidrios bloqueados, la radio descompuesta, su voz cínica de hombre guapo lejos muy lejos. Tomarían vino, ella lo sabía, mucho vino; caminarían, fumarían, e, irían al bar de siempre a escuchar la misma banda mala de jazz electrónico. Una noche ácida.
Claxón, se repite estridente al unísono, ella avanza, ni se percata del mal humor del resto de los conductores. La mano sobre su pierna, quiere no sentirla; imagina el vino, la copa, la mesa; imagina el aroma, el color; imagina el primer sorbo, como dulce seda que se desliza por la lengua y por todo el cuerpo envolviéndolo. Ve su mano sobre su cabeza acomodándole su largo cabello negro, siente que se deslizan sus dedos por su cuello. Los ojos quieren cerrarse, capturar para siempre el momento.
Él la ve inmóvil, quizá desesperada por el tráfico, el humo de todos los coches capturados entre los espacios que existen entre ellos. Resiste la tentación de evadirse, disfruta la tortura, lo ve, sonriente.
Esa noche no fumaron, ni salieron, tampoco caminaron. Tomaron la copa, y bebieron cautelosamente el vino, se dejaron abrazar por él, rendidos el uno ante el otro. El beso, labios que se quiebran, primera punzada del tacto, sentidos entremezclados, un sólo corazón que se estremece y palpita.