martes, 30 de junio de 2009

Periférico

El aire no se dignó en mover una sola hoja del árbol casi muerto, tampoco le molestó la idea de tener a más de medio periférico en agonía casi absoluta, y mucho menos le interesaba enterarse que en cada puente el CO2 se acumulaba en cantidades poco saludables. El viento reposaba su aliento fresco sobre las nubes grisáceas de la ciudad, haciendo temblar a cuanto avión osara acercarse. Y debajo de esa nata de suciedad y vapor casi agua, los autos seguían inmóviles, la mayoría sin aire acondicionado...Felipe no soltaba el volante ni apagaba el motor, a pesar de ser inútil tenerlo encendido.
Algunos débiles ritmos caribeños intentaban aligerar ese aire concentrado y con sus suaves marimbas pretendían maquillar los rudos rayos del sol; el cual consideraba divertida la desesperación de los conductores. La música trabajaba en vano, sus acordes eran sofocados por el llanto de un bebe acalorado y de su madre alocada devota del acto del claxonear . Él no estaba molesto, no estaba en lo absoluto. Venía de casa de la huera; nada especial, se besaron, se tocaron y murmuraron tiernas palabras para siempre grabadas en su mente. Una rutina que había comenzado a apreciar, que parecía otra bajo su mirada, con el roce sus labios. No, no la quería, las había mejores...pero no podía evitar pensar en las lágrimas de sus ojos, que como gotas de rocío amenazaban con caerse de la hoja. El infante, con la fuerza de un titan, retomaba su llanto desgarrador y la madre bañada en sudor agrio usaba los papeles del seguro como abanico, por cierto inútil. Era gorda, de piel rosada como de turista inglés, sus ojos almendrados permanecían ocultos entre las carnes de su rostro y sus labios delgados dejaban pasar improperios cada treinta segundos. En cambio, su hijo gozaba de la belleza tierna de los de su edad, con unos ojos azules que le facilitaban el perdón de todo adulto a pesar de sus gritos.
Volvería a verla mañana, pensaba Felipe, los días habían sido de lluvia y sí, lo asustaban los truenos. Los autos volvían a encenderse, nadie se movía aún, aquellos con aire acondicionado subían los vidrios de sus polvorientos autos, sin mostrar señales de alivio por la esperanza de cierto flujo vehicular. A nadie le importaba ya el aire, ni siquiera a la señora del abanico improvisado. Avanzaban lentamente las tres filas del periférico con un orden casi mecánico, tétrico, como si se dirigieran al lugar de su castigo final, todos culpables. Los primeros truenos de la noche se anunciaron con gran donaire en el cielo aún iluminado y gris. Felipe tenía miedo, del ruido, de la gorda, del bebe, del lento proceder de esta fila interminable. Prendió un cigarro, sabiendo que sería el último y cuando llegó al filtro lo dejó caer en el asfalto tan lleno de aceite. Suspiro...mañana no la vería y sí, le dolía.

jueves, 25 de junio de 2009

Dangerous

La siguiente noticia puede o no interesarles, pero es de gran urgencia transmitir la pena que me provoca el fallecimiento de uno de los mayores ídolos de mi infancia: Michael Jackson.

Por eso hoy canté, bien o mal, él lo sabrá juzgar las siguientes canciones:
- She drives me wild
- Remember the time
- Black or white
- Who is it
- Give in to me
- Will you be there

Su muerte será su renacer.. de alguna manera.

Para Felipe el grande

Te amo
con mis besos de agua,
te tomo
con mis dedos de espina.
Y tu sangre transparente
corre por tu cuello negro,
sucio por tanto manoceo
de las mujeres del instante.
Te amo aun cuando encuentro,
impresas en tu rostro
sus garras rapaces
y por cuyas cicatrices
todavía sientes gusto.
Te bebo buscando tu dolor,
sucio como el de ellas;
te beso para extraer las huellas,
culpables de tu falta de amor.

miércoles, 24 de junio de 2009

La extranjera

Jamás se supieron engañados aquellos novios quienes en sus ojos veían ligeras huellas de amor y nostalgia. Tampoco ella estaba enterada del crimen que cometía al decirles que los amaba. La extranjera venía a conocer la ciudad y los hombres pasaban ante ella como parte del escenario. Y, quizá para ellos la extranjera era el escenario y de ser así que pobres se quedaron.

Los ojos de ésta, debo admitirlo, no envidian a todos los que haya visto en la vida. Son una mezcla de olas verdes en un fondo azul, se oscurecen cuando llueve y brillan con los primeros rayos de sol. Además, parecieran estar más conectados con los fenómenos meteorológicos que con el corazón de la joven, lo cual, interpretado por sus ingenuos amantes era prueba de su intrigante misticismo.

En breve, no podemos decir que ella fuera culpable de dar fin a los suspiros de aquellos, y éstos no son sino víctimas de una fuerza superior. Humedecía sus labios antes de fumar, usaba lentes oscuros de montura amarilla, nunca dejaba en casa su bufanda morada ni cambiaba su morral roto por los tantos nuevos que le habían regalado. Leía libros en idiomas que aún no comprendía cuyas portadas siempre eran exquisitas, usaba tenis rotos y un corte de pelo “europeo”. Al hablar invertía el orden natural de las oraciones a tal grado que usualmente ella tampoco sabía qué decía, sin embargo, sus amantes siempre lo supieron.

Olvidada, despreciada, subvalorada; la extranjera huía de un país que no era el suyo y cuya tradición la constituía, se escondía de su propio pensamiento, no había mayor secreto. En labios desconocidos abandonaba sus miedos, quedando desnuda como los árboles en otoño. Y desnuda usaba de vestido las palabras con las que los amantes la adornaban. Ella era la poesía que cada uno se hacía de ella, el reflejo de un clima inestable. Sí, yo también me enamoré de los ojos de la extranjera y sólo soy parte de esa enredadera que la envuelve y embellece.

domingo, 21 de junio de 2009

Odio reprimido

Now that you've found it, it's gone
Now that you feel it, you don't
You've gone off the rails
So don't get any big ideas
They're not going to happen
You'll go to hell for what your dirty mind is thinking
To live life outside of the world
To break the cross that bears her name
She's not your queen anymore, queen of the highway
needs something better than learning away

Calling moon and moon
Shoot that big bad hand
It'll drag me to your door
And I won't see you no more
[And] I know I never never never gonna leave your babe

But I got to go away from this place,
I've got to quit you,
yeah Baby, ooh don't you hear it callin' me?
Can't you go? don't you lie
there's been times when I felt good because you're hurt inside
no that's not true, I'm just acting tough.
I don't know what it is I'm feeling,
I don't know if you are enough.
Is it so hard
every time I say
"won't you come and fight with me"?


Fuentes: Bat for lashes- moon and moon
prescilla
Radiohead- nude
Led Zeppelin- Babe, I´m gonna leave you
lostprophets- and she told me to leave

Hell is the only truth

Solo tengo
Una hora
Y me duermo
Terminado
Por veinte y cinco
Años pasaron
Siguen los cuerpos
Aqui temblando
Tome la sangre
Comi el cuerpo
Mis lagrimas
Quiebra el espejo
Y ya no me estoy enamorado
con tus mentiras
el infierno me duermo
por que el infierno es la unica verdad.
[Y] Ese sol
con su pierna guapa,
tu dolor
es pura santa,
y, ya que caiste de este mundo
cargo una navaja
dios mio
para ti
en mi vida,
el oscuro me mantiene
cuando dios se rie de mi alma,
cuando el sol calienta el agua.
Fuentes: Devendra - Inaniel
Mars- L via viaquez
Asilos Magdalena

La espera

La gente estaba muy ansiosa, hablaban entre ellos sin saber qué decían, ni qué escuchaban. Sobre la punta de sus pies intentaban ver a lo lejos un rostro familiar, pero no pasaba nada, las puertas escupían desconocidos. Ya había muerto, de reojo vi a su hija, esperaba con los brazos cruzados y a sus pies descansaba un triste ramo de rosas blancas y rosas. Regresaríamos a casa un poco tarde, en silencio, sin cuidarnos de los baches, ni de los charcos, ni de los peatones; siempre pisando un poco más el acelerador.
Ella no me podía ver; su rostro iluminado por la esperanza, acentuaba el verde de sus ojos, sus labios temblorosos dibujaban una sonrisa fútil, su cuerpo se tensaba cada vez que salía alguna persona, se veía hermosa. Sus ojos portaban lágrimas insípidas, notaba su pecho subir y bajar con cada suspiro, la cabeza que volteaba hacia el techo e inmediatamente hacia esas flores marchitas de tanto esperar. Los altavoces pedían a los “Gonzales” que se reportaran en la puerta D, aún no nos llaman, no, primero deben estar seguros de que ha fallecido. Quizá todavía respira, le duele el pecho, ya no siente la cabeza ni el resto del cuerpo. Sólo escucha su corazón bombeando lentamente y sus pulmones oprimidos tratando, cada vez con mayor dificultad, tomar un poco de aire para el ahora débil órgano. Los paramédicos a su alrededor le dicen que debe quedarse despierta, le preguntan cosas que ella ya no recuerda…”Tu nombre, ¿cómo te llamas?” “¿De vacaciones verdad?” Y mientras formulan estas preguntas estúpidas, no dejarán de checar su pulso, querrán inyectarle algo, pero nada le ayudaría, ella no sobrevivirá.
El primero sale por la puerta chica, lo llevan a la puerta D, estaba viejo, como ella. La familia entera llora, unos con menos elegancia que otros, otros más tristes que aquellos y éstos más sorprendidos que todos. La madre sostiene a su marido por los hombros con tal fuerza que parece desgarrarle la piel, sus gruesas lágrimas se resbalan sobre su ancho rostro y terminan en su mentón cuadrado. La boca torcida y entreabierta deja ver su ancha lengua y cada que respira rompe el concierto de gemidos que entre sus hijos se lleva a cabo. Él, por su lado, lleva una cara de desamparo imposible de ocultar, quizá por las uñas de su mujer en los hombros, quizá por los gastos de la funeraria. Claramente no era su padre. La caravana de los Gonzales abandona la sala de llegada y ésta vuelve al mismo silencio ruidoso de antes.
La gente empuja, buscan un lugar en primera fila para encontrar antes que todos al hijo o al novio casi olvidado; cansados vuelven a su lugar original, dan muestras de desesperación y ven casi con odio a toda persona que salga por esas puertas malditas. Ella no se ha movido, parece mantener la calma, ha tomado las flores en sus brazos y las observa casi con pena. Desconoce la hora, probablemente sea mejor así, su madre ha muerto oficialmente, siento mi corazón menos liviano, ella no sabe nada. La abrazaré, dejaré de tomar este café recalentado y le daré un beso en la frente, querré besar sus labios pero no lo haré. De mi boca no saldrá ninguna palabra, deslizaré suavemente mi mano alrededor de su cintura abriéndole paso entre la multitud intoxicada de ansias. Ella dejará caer la primera lágrima sobre sus blancos cachetes, dejaré su cintura, la asiré por los hombros con un brazo casi invisible. No esperaremos a que nos llamen, estaremos ya esperando, una vez más, pero en la sala G, siempre llegan las muertas a la sala G.
No habrá gastos de funeraria, los cubre el seguro. En el sentido práctico está mejor así, no había dinero para los tres, ni transporte. Tampoco había espacio en la casa, yo no hablaba aún su idioma y a ella nunca le gustó nuestro barrio. Era normal, pensaba yo, que a su edad está vez no escapara del vuelo; un infarto, una falla respiratoria, las grandes distancias entre cada sala, el susto de no ver su maleta, los perros, los policías, el tumulto, las paredes blancas e infinitas.
Ahora me acercaba a ella, saldríamos de este mercado tan lleno de gritos y codazos. Pero, algo me detuvo en el camino, ella lloraba y su boca mostraba una sonrisa definida. Confundido me acerqué, sin tomar cuidado de la gente que para ello movía, me paré junto a ella y vi hacía donde sus ojos apuntaban. No había muerto, estaba allí, radiante como cinco soles. Se abrazaron en lo que a mí me parecieron horas, yo sólo pude sonreír ligeramente; había tráfico y la lluvia no cesaba.