domingo, 1 de noviembre de 2009

miércoles, 14 de octubre de 2009

Jump

JUMP, there is absolutely nothing waiting for you. So start getting your feet together and your knees as well for you really don´t have to think about it, because there is nothing there to think about.
But if your objection is that nothingness can be thought I´ll just say that you must jump. All the other options you could have made before now are simply impossible.
I know you start to feel uneasy, I bet you´ve never done something like this before, I bet you think you´ve been living fully this whole time. You´ve been mistaken, living consists in jumping.
They´re not waiting for you, you´re the one waiting for them. I demand now to execute my orders for it really doesn´t matter now where you do fall. I remind you, it´s gonna hurt. And I´m sure you´re going to call it luck when you´ll notice no bone has been broken. But I warn you, such a word is unapropied for you know everything has already been written.
Your feet are on flames now, you´re getting uncomfortably anxious, JUMP and don´t you dare to close your eyes.

Andrea

Camina en el borde del precipicio
y sigue caminando.
El mismo profesor colérico le grita a sus alumnos cansados. Por la ventana los pájaros presumen sus alas rojas y negras, nadie aguanta las ganas de salir al patio. Necesitan concentrarse y resolver un problema de economía ya resuelto por un montón de genios hace más de veinte años.
Problemas caducos, impensables, imposibles. El pizarrón se duerme, muestra su propio desinterés por la clase y todo apunta a que Andrea sigue molesta. Carlos se acerca a ella, corrige la fecha mal escrita en su cuaderno, levanta su pluma del suelo, le sonríe, no está acostumbrado a este tipo de situaciones. Lo que no sabe es que Andrea no está molesta con él, sino con Aquella sentada en un rincón del salón.
Andrea piensa que ella es mejor que Aquella, sus ojos verdes intentan demostrar la bondad de su corazón, sus manos pálidas presumen su sutilidad y cariño; Carlos la observa inquieto, la siente triste.
Aquella los ve, lamenta el malestar de Andrea, realmente lo lamenta; pero ella no es mejor ni peor que sí misma, ella es totalmente otra. El camino de Andrea es otro, Aquella lo sabe y Carlos también; en sus cabezas sigue el vértigo, el ansia de verla parada a la mitad de la vereda, esperándolo y odiándola.
Perdida en su propia mente, Andrea la ve, Aquella es mala, casi perversa, una "maldita" y aparentemente sólo ella lo observa... no lo entiende.
La clase pasa, los ejercicios se vuelven cada vez más turbios, ese problema antiguo ya ni es problema, no es posible formularlo. Andrea se apoya en la banca de su izquierda, Carlos, a su derecha, intenta hacerla reír. La garganta se aprieta, sólo hay paso para el aire que la mantiene conciente.
Termina la clase, Andrea huye al patio o al baño, Aquella no puede ayudarla, quisiera pero no puede y no puede porque Andrea nunca lo permitiría.

domingo, 11 de octubre de 2009

El gigante y yo

-Esto no pasa.
-Sí, sí pasa, ven, deja te abrazo.
-¿Porqué?
-Porque te quiero. ¿Es inevitable?
-Lo es.
-Vaya. (Beso en la frente)

Y ella sueña que lo ve crecer, sí, lo ve hacerse cada vez más fuerte. Impresionada corre hacia él y lo admira, le manda un diminuto saludo, no mide más de cincuenta centímetros y él ya ha alcanzado los seis metros.
Pronto iniciará la batalla mortal entre los dos dragones de fuego, uno bello y joven intentará salvarse del imperio mortal del segundo. El pueblo teme por sus vidas, la misma batalla podría acabar con todos los plantíos y casas de los alrededores. En el bosque no queda ni un solo animal, los destrozos serán inevitables. Sólo dos cosas podrán salvarlos a todos: la lluvia y el gigante.
Ella se ató del collar de éste, llevaba en su cinturón polvos mágicos para curarlo y en su corazón palabras dulces para alentarlo. Los dos esperaban en medio del campo de batalla el momento inevitable.

-Ya es tarde, de nuevo te dormiste.
-Lo siento es que ando muy cansada.
-Sí, lo sé, ven vamos a casa.

The knight of infinite resignation

La ciudad respira cuando caminas por sus calles sucias. Saliste temprano de casa, pensabas en el gris de la bufanda, en el gris del gato, en el gris del cielo, te sentías tranquila porque a no te asusta la lluvia. Tomaste el camino más largo para llegar al parque y en cada paso pensabas menos en el gris y un poco más en él. Pensabas en el café de sus ojos, recorrías la distancia que los separaba sabiendo que nunca llegarías e imaginabas que allí estaban mas juntos que nunca. Caían hojas pseudo otoñales en el suelo y corrías tras ellas para hacerlas tronar bajo tus pies de niña.
El parque tiembla con tu risa y el rocío se pega a tus zapatos limpios. Te meces en uno de los columpios mojados, no muy preocupada por dejar húmedos tus jeans nuevos. Piensas en la distancia, dejas de respirar, te sientes muy sola. Pero tu corazón palpita, lo invoca, sientes su mano en la mejilla. Dejas caer unas cuantas lágrimas saladas al mismo tiempo que una nube pesada arroja al suelo gotas diminutas de agua helada.
Las flores se quedan sin sus pétalos cuando te desmoronas y dejas de pensar tanto en la mano como en el beso. Estás dispuesta a dejarte caer, deseas ser el rocío que se pega a sus pies ,o la hoja que truena bajo sus zapatos, o la ciudad que respira cuando él camina; tu corazón arde en deseo pero sólo piensas en desaparecer.
Mis ojos brillan cuando te fusionas y te conviertes en este pseudo otoño, mis ojos brillan cuando el pasto húmedo en el parque eres tú y ningún otro pasto podría serlo.

jueves, 8 de octubre de 2009

Nota final de hoy

It is the same nightmare, the fish dies and I kill the fish. There s no room for both of us, but at the end none of us really dies, we just hide away from each other.

Fragmentos--no ideas completas

Ayer soñé que se escapaba un hamster de su jaula,
hoy busqué en la jaula ese mismo hamster y ya no estaba.
La sangre sube, sube para perderse en el corazón.
El aire no llena los pulmones.
Se cae poco a poco, suicidio.
Entre tus ojos que nada dicen Alicia,
entre tus palabras incomprehensibles
escondes la fe en ti misma.
Sus ojos le piden que sea fuerte.
Te llaman Alicia,
te llaman, pero tú no escuchas.
Ese cuerpo no es suyo.
El rostro hecho polvo
escucha el sonido muerto de un tambor.
Alicia ¿qué hiciste?
No entiendes,
no entiendes nada,
por primera vez, has sido realmente salvada.
Eres mujer,
mujer del amado,
amante,
una y otra vez amada.
Corre tras ella,
grande y hermoso,
vuelve la paz,
no hay tambor,
lo respira.
Esta es la vida Alicia y nunca pudo ser más plena.

jueves, 1 de octubre de 2009

Tacubaya

Yo no tenía nada que hacer ese día, simplemente quería llegar a casa. Una señora de vestido rosa, de esos que parecen tela de cortina, desaliñaba la fila accidentalmente perfecta de los usuarios del metro. No sé porqué pensé que sería buena idea preguntarle si necesitaba ayuda. Con una voz ronca pero suave me dijo que se dirigía a la línea café. Me sorpredió el hecho de que anduviera con un paso tan firme sin saber, aparentemente, hacia donde quedaba su rumbo. La hubiera acompañado hasta las escaleras casi infitas de la línea de no ser que tenía hambre. Le dije que yo la dejaba allí porque yo uso la línea rosa, y sonriente se despidió. Volví a la misma apatía, al mismo estado inerte.Permanecí en ese estado hasta que volvío a mí la imagen de la señora ciega, su bastón en la mano, los lentes oscuros llevados con cierta gracia. Me parecía casi ridícula la conversación, la línea café pudo haber sido amarilla, la estación pudo haber sido otra, pero esa señora parecía saber de que hablaba, yo ya no entendía.

martes, 29 de septiembre de 2009

El todo y la nada -bis-

Alojada en el fondo de una nada que todo promete; la fusión absoluta con el miedo y la alegría informe. Muerte prematura de una mente vacía. Camina errabunda, incapaz de olvidar la pena, incapaz de devolver a esa nada el error una y otra vez repetido.
Y quizá sólo ahora se da cuenta que la nada ya no existe, los pies fugitivos desean alcanzarla, pero el suelo se los impide. Las personas son como fantasmas, los fantasmas son sólo recuerdos.
Recuerdo la nada, el miedo trepidante frente a mi propio vacío tan lleno de impulsos sin causa. Recuerdo la ausencia absoluta de mí misma, tan mezclada con ese todo que nada es. Recuerdo el vértigo, recuerdo la nausea.
El simple ejercicio de mi memoria confirma el hecho de que ya no estoy en la nada, soy dolor, soy vergüenza, soy decepción, soy todos los fantasmas invisibles de una nada que he dejado atrás; un fantasma hecho persona. El aire que respiro me corresponde, el agua que tomo es mía, la piel que me rodea es sagrada; si me muevo la flor muere.
Atrapada por mí misma,la mente grita entre esa frágil línea donde las cosas que no existen prometen y las que existen aún quedan lejos. El paso definitivo, el cambio de ciclo, no hacia el todo, sino, hacia una nada menos fragmentada.

viernes, 18 de septiembre de 2009

La penúltima versión de la realidad

Soy los besos perdidos en tu cuello,
soy los minutos en los que te abrazo,
incluso soy el instante del beso en el que te abrazo.
-
Me persigue la voz inmortal,
la palabra encantada,
no me abandona tu boca.
-
Eres la mano que me canta al oído,
eres la piel bajo la mano,
eres el oído enamorado.
-
Soy la hora del tráfico,
eres la tarde nublada,
eres el puro instante, la gota de agua,
soy el río que te lleva cuesta arriba, cuesta abajo.
-
Sin haber sido, somos,
sin pronunciarnos mutamos.
Somos el relato que crece y se desmorona,
que corre y se cuenta a sí mismo.
-
Añado lo siguiente;
somos el beso,
la lágrima,
la tristeza.
-
Somos la piel que nunca se olvida,
el instante electrizante
donde no sólo somos tiempo,
sino, espacio.

Sólo la punta del iceberg del genio de Borges

jueves, 3 de septiembre de 2009

Viaducto

Estaba sentada en la esquina de la banca, los pies bien apoyados sobre el suelo, las manos sobre sus rodillas. Su cuello de búho giraba impaciente de derecha a izquierda una y otra vez, Martín no llegaba.
El café se había quedado sobre el buró y la carta medio abierta de Veronica descansaba, indignada, sobre la almohada verde de su destendida cama. Tomó su cubo de colores, lo desordenó, fue mecánico: dos a la izquierda, dos a la derecha, azules por rojos, rojos por amarillos, estos por verdes y nunca verdes por los primeros. Continuamente desacomodado, el cubo cedía ante la pasión de la mujer desesperada.
El retraso de media hora no convertía la llegada de Martín en un alivio, ansiosa por cubrir su deseo le mostró su cubo, perfectamente ordenado. El coche esperaba en la esquina, largo, negro, ni tan nuevo ni tan bueno, pero, de manejo suave. El aire insoportable llenaba el interior del auto, los vidrios bloqueados, la radio descompuesta, su voz cínica de hombre guapo lejos muy lejos. Tomarían vino, ella lo sabía, mucho vino; caminarían, fumarían, e, irían al bar de siempre a escuchar la misma banda mala de jazz electrónico. Una noche ácida.
Claxón, se repite estridente al unísono, ella avanza, ni se percata del mal humor del resto de los conductores. La mano sobre su pierna, quiere no sentirla; imagina el vino, la copa, la mesa; imagina el aroma, el color; imagina el primer sorbo, como dulce seda que se desliza por la lengua y por todo el cuerpo envolviéndolo. Ve su mano sobre su cabeza acomodándole su largo cabello negro, siente que se deslizan sus dedos por su cuello. Los ojos quieren cerrarse, capturar para siempre el momento.
Él la ve inmóvil, quizá desesperada por el tráfico, el humo de todos los coches capturados entre los espacios que existen entre ellos. Resiste la tentación de evadirse, disfruta la tortura, lo ve, sonriente.
Esa noche no fumaron, ni salieron, tampoco caminaron. Tomaron la copa, y bebieron cautelosamente el vino, se dejaron abrazar por él, rendidos el uno ante el otro. El beso, labios que se quiebran, primera punzada del tacto, sentidos entremezclados, un sólo corazón que se estremece y palpita.


sábado, 29 de agosto de 2009

Soundless

All that no-one sees,
You see what's inside of me,
Every nerve that hurts,
You heal deep inside of me.
Joga-Bjork
Él ve el suelo, la cabeza bien baja no sabe siquiera hacia donde caminan. Cada tres pasos hay una flor en la banqueta, solo él la puede ver. Le dice que se detengan, sólo unos segundos, la flor se mueve, es la misma, lo sigue. Ella no escucha, va tras una mariposa gigante, prófuga del zoológico. Quiere llover sobre la ciudad, se detienen, los ojos verdes lloran, pero ella no lo sabe. Conmovido cree que la ha herido, no es cierto, ella sonríe, le pone la flor entre sus manos, palpita.
Quisiera hablar pero no puede, sus palabras son hojas verdes o puro otoño, crujen se deshacen. Quisiera pensar, pero no sabe; le gustaría poder entrar a su mente y ordenar el imaginario completo, querría entender su propio desorden. Quisiera conocer el caos que la hace parecer tan torpe, quisiera dejar de perseguir mariposas y decirle que lo ama. Murmurarle palabras que no existen, como en ese viejo poema de Brell, y que él solo entendería. Quiere que la besen, pero no se atreve a sugerir el beso. Crecen en su pecho, como enredaderas, las venas. La piel blanca impaciente pide un beso, por las mejillas ruedan dos pequeñas lágrimas verdes.
La fuite, toujours la fuite; un monde, nôtre monde. Une petite maison a nous, construite de mots et de bisous. El límite de sus palabras, deseperación absoluta, casi muda.

Sunrise, sunrise

Lunes, el despertador suena, no lo escuchamos, fuera de la cama hace frío. Primer día de trabajo, jefe excéntrico, trafico, no hay gasolina. Me hago pequeña entre sus brazos, no nos movimos durante la noche, realmente hacía frío. Torpemente intentamos callar al despertador, se cae el vaso de agua; estira el brazo, deja caer el tomo II de su novela clásica traducción de fulanito de tal sobre el agua.
La caída, el ruido, la mañana finalmente lo sorprenden. Nos levantamos, hoy me toca lavarme los dientes primero.
Huele a café, él lo odia, no lo hace muy bien, me encanta. No hay ropa seca, ni limpia, creímos que el lunes llegaría en dos días. Quedan cinco minutos, podríamos llegar temprano, pero, sólo queremos llegar a tiempo. Un beso, dos; se siguen, corren uno detrás del otro y se escapan jugando a alcanzarse. Empate, nadie gana cada quien toma su carro.
El escritorio nuevo presume sus documentos azules y amarillos. Hay una pluma fuente en la esquina superior izquierda, a mí me pusieron una margarita; su oficina está vacía. El fax suena, la copiadora suspira, se lamentan pero nadie los escucha. La secretaria me presiona, quiere irse temprano, mi computadora no es mac, ni xp, una pesadilla.
Pasa la hora de la comida sin ninguna novedad, me pregunto si será mejor usar la impresora de la sala general o la que está en el centro de copias. La primera me queda más cerca, la segunda es un pretexto para alejarme de Sandra la secretaria. No tomo ninguna decisión, en primer lugar no debería estar trabajando.
La tarde no pasa, Luis no está; la gente me habla, no son Luis; Guzmán me ofrece café, está bueno, pero no lo hizo Luis. Son las siete; no, son las seis con cincuenta y nueve minutos; de nuevo, siete; retrocede, seis con cincuenta y ocho; vuelve, avanza.
Los semáforos no son rojos, ni verdes. Todos manejan en estado de ebriedad, el niño de tres años está parado sobre el asiento delantero, me ve por la ventana, no le digo nada a la madre. Vamos a casa, la radio descompuesta, los vidrios empañados; urge llegar a casa.
Llegamos, gotas de sudor se deslizan sobre nuestro cuello. Vencidos una vez más por este sistema "jefe-empleado" que no nos convence.
El agua hierve en la cocina, suena un poco de música, su lentitud nos envuelve. El agua cae en la regadera, revivo, está fría. Felices y mudos, volvemos a la cama, el uno dentro del otro. Se pierden mis ojos entre sus palabras, el corazón que palpita; el primer beso, la primera caricia, la primera sonrisa; veo verde.
Respiramos, nos llenamos de aire, me toma del brazo y nos sumergimos. Desnudos entre algún mar y algún río, cubiertos por su espuma, pelean un pez espada y una boa. Giran, retroceden, crece la luna, la rodean. Sin oxígeno caen rendidos al fondo de las sábanas. Mi mano sobre su espalda dormida juega a recorrer su piel erizada.

Introducción

Camino descalza sobre su espalda,
se estremece.
Un terremoto,
el cielo sigue inmóvil.
Caigo los brazos extendidos,
duermo.
Amanece,
la espalda sigue temblando,
la acaricio,
no la abarco.
Un volcán se eriza sobre su piel,
me levanto,
corro lentamente hacia su cuello.
Perlas de luz,
medio enamoradas, caen sobre mi rostro.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Para Pachu

Martes, gira encendida en lágrimas
la mujer con los ojos de luna.
Serpentea la vieja bufanda sobre la mesa,
arde en llamas la antigua colonia.
Juega alrededor del cuello,
brillan los recuerdos,
palabras impresas
en el techo verde,
imaginario revuelto,
revolotea...
Miércoles por la mañana,
la misma mujer,
la bufanda hecha cuello,
respira hondo, deja de girar.

sábado, 22 de agosto de 2009

Colibrí

No dicen nada del colibrí los que lo han visto nadar.


Las bancas verdes del parque permanecían vacías, el niño de la playera verde pateaba una pelota roja contra la reja, su hermana gritaba su nombre conforme se alejaba. Las calles abandonadas respiraban, liberadas de nuestros pasos. Y el columpio cedía ante el movimiento de mis piernas.

El pasto descuidado, de su color triste me hería, también los juegos destrozados, los arbustos mutilados, la naturaleza muerta. El columpio no deja de mecerme, suave, el viento levanta mi cabello. Sonámbula, pienso que soy esa naturaleza. Sólo los sentidos, exitados, me mantienen viva, respiro con las calles ese mismo aire liberado.

La hermana ya se fue, el niño sigue jugando, me observa. La cabellera revuelta, cansado, los ojos llenos de amor me lanza la pelota. La regreso, la devuelve, ida y vuelta. El columpio abandona su rechinar, se pierde entre ese parque medio muerto. De mi piel brotan gotas de rocio. Pueden reverdecer el pasto, enderezar el arbusto pero no logran componer el tobogán.

Oscura y vacía llega la noche, la pelota en brazos corremos tras los últimos rayos del sol. Caigo, una piedra negra tuerce mi tobillo; busca mi mano, me levanta, ya no hay luz. En casa no nos recuerdan, somos completamente invisibles. La gente ve la pelota verde moverse, no dicen nada, han cultivado el arte de la indiferencia.

jueves, 20 de agosto de 2009

La solandra

Verde en los ojos que no deja de brillar,
crece bajo el encanto de unos labios
que aún no la han tocado.
Impaciente los cierra.
Otoño en la piel,
las estaciones invertidas,
primavera en las manos.
Desaparece la mariposa en la flor,
la solandra alada,
reverdece el estéril campo,
vuelve el sol a su antiguo reino.
Trémulas manos de un viento dorado
elevan hacia las estrellas
al amado y a su amante.
Ojos verdes adornados por un beso.
Ansiosas las nubes esperan dejarse caer,
suenan los relámpagos,
el aire juguetón
no deja de moverse.
Siguen en el beso eterno,
inertes por la lluvia,
sumidos en el amarillo
de ese otoño que regresa.
Noche en sus labios,
cae el sueño como miel sobre su cuerpo,
plateada, los envuelve la luz.
Despiertan, sigue el mismo calor,
el mismo puerto,
el mismo cuarto,
sonríen.

domingo, 9 de agosto de 2009

Recordatorio

No sé donde estoy, recuerdo haber manejado, tenía prisa. El lugar es grande y tenebroso a pesar de los grandes jardines y pasillos iluminados. Recuerdo la secundaria vagamente, el lugar es similar. Yo no debería estar aquí. Olas de frío recorren mi espalda, sonrío, pero no quiero; en los pasillos niños de primaria se pasean, los saludo por sus nombres, no sé quienes son.
Quisiera salir de aquí, pero la construcción es circular. El aire blanco y frío recorre mi cuerpo, estoy adolorida, me hago pequeña. Llego a un patio de cemento, ahora estoy en primaria y los niños son de kinder, yo no. Me escondo de esa sociedad prematura, entre enredaderas y arbustos desnudos me siento. Los grillos descansan sobre mis diminutos jeans, los atrapo y suelto sobre mis tenis blancos.
Alguien más entra en mi escondite, no quiero preguntar quién, dejo caer mi cabeza sobre mis rodillas, no estoy. Su mano se posa sobre mi hombro izquierdo, es un señor joven, muy alto, no sé quién es, dejo que me tome entre sus brazos. De repente recuerdo, es él, me invade la emoción, pero mi mente primitiva de infante no me permite formular la pregunta que quisiera. Pronto me aleja de él, también había disminuido.
No me recuerda del todo, huye como yo de todos ellos, quisiéramos llorar, no nos atrevemos. Su cabeza cae sobre mi pecho, lo escucho suspirar largamente con muchas tristeza. Sí, incluso a esta edad consigo darme cuenta del dolor y los secretos que carga este niño solitario. Como la hora de regresar a clases ya llegó decidimos salir de este diminuto paraíso.
Intento caminar a su lado, pero acelera el paso conforme avanzamos, se ha olvidado que lo conocí bajo su otra forma. Y la metamorfosis llegaba a su fin, me coloco a su lado, muy cerca para poder acariciar su cabeza. El sol ilumina sus manchas simétricas y negras; se refleja entre su pelaje suave y azul; acaricia sus ojos azules aún vivos. Finalmente deja de avanzar, se voltea hacia mí y me lanza una mirada propia de quién acaba de reconocer a un pariente amado. Dejo que coloque sus labios sobre mi oído, respira con fuerza, pronto me lo dirá, su pena y nuestro secreto.
De repente desaparecen sus exhalaciones, me alejo; sus ojos todavía móviles me observan con miedo e impotencia, el pelaje sedoso se convierte en madera, como una máscara. Me duele el corazón, estoy confundida, lo tomo entre mis brazos; nada en su rostro muestra alguna expresión, atrapado entre las marcas de su magnifica prisión.
Y casi con intensión maléfica, montones de hongos blancos se dedican a invadir su hocico y nariz, las cuencas de sus ojos, sus oídos, proliferando la belleza de este dios bastardo. Desesperados los arrancamos, y ellos vuelven a crecer solemnemente, a sabiendas de que ganarán.
Vuelvo a mi cuerpo de mujer, siento mi cuerpo desnudo entre el viento frío. Se acerca una mujer, otra, como yo, enojada y en mis brazos, el niño muere una vez más. Lo siento en la mirada de aquella, soy culpable, una vez más. Me refugio entre mis piernas blancas, no quiero volver y perderlo una vez más, a él y al misterio de nuestra infancia. Duermo, no voy a despertar.

sábado, 1 de agosto de 2009

Erebo

Alguna de las mañanas grises en las que me dirigía a la escuela, me encontré con una fotografía de la luna. La cual presumía un fondo negro con una imagen gris. Ya en clase se la mostré a Mariana, pero no fue más que un separador practico para su mente ciega. Finalmente llegue a casa, sin comida, con sed y una foto subvalorada por el mundo.
Quise dormir esa tarde, pero sentía la mirada de la luna sobre mí, me observaba con un aire inquieto. La fotografía delataba aquello que al principio parecía una mancha. Entre las casas del pueblo triste, el sol desaparecía, dejando atrás su luz abrigadora y somnífera.
Débil me dejaba deslizar en la cama, brazos y piernas inmóviles, los párpados pesados sellaban esa luna gris en mi mente. Y mas temprano que siempre se anunció la reina de la noche con su resplandor divino frente a mi ventana, un poco más crecida y majestuosa que de costumbre. A su alrededor, un cielo negro se oscurecía cada vez un poco más, como si intentara ocultar algo y las estrellas estaban todas acomodadas en esa tela gruesa, siempre obedientes hacia su majestad.
Se trataba de él, ya lo sabía, la fotografía me lo había mostrado. Con sus ojos de fuego y fauces de cristal, su cuerpo de tigre y mirada casi humana. A pesar de su tamaño descomunal, permanecía oculto, entre la diminuta línea que divide el rostro brillante de la reina y la faz cubierta por su velo. En posición de emboscada esperaba algún corazón mortal que lo sacara de las tinieblas.
Era el cielo contra mí; su secreto y mi silencio; una recompensa por quien terminara con mi memoria. Y salió el tigre del yugo de su madre.
Mi mente cansada de luchar se rendía ante una estrella gorda y anciana, ambiciosa también ya que sabía que moriría pronto.
Entre truenos y sirenas de un pueblo perdido rugió el tigre invencible. De nuevo despertó mi cuerpo y me senté en el lomo del casi dios, producto de los amoríos ilícitos de la reina de plata. Huimos sin rumbo ni escondite, lejos de los astros, de todos esos malditos lacayos.
Llegó la mañana junto con el cantar de algún pájaro y con el rocío en mi piel y en la del casi felino. Entre suspiros volvimos al pueblo, a un desierto de calles limpias, de gente ausente, sin vida. Volvió Erebo a las tinieblas altivas, sin mas recuerdo que la imagen de mi cuerpo oculto por la sombra un gran baobab.

Puerto

Perlas de noche,
luminarias que se creen ciudades.
Tus ojos verdes,
manchados por el paso de marineros sucios.
Te quejas morena, con tu voz de viento,
me alejas, de tu corazón blanco.
Las lágrimas del sol
adornan tu rostro arrugado,
y sumisa
te dejas llevar por el cantar de sus súplicas.
Morena de arena
te he besado las mejillas,
por si sonríes y los despides a todos.
Te regalé mi alegría,
temiendo no volver a sentirla
y la dejaste caer
al fondo de tus mares revoltosos.
Y si alguna noche,
bella soñolienta, rieras,
te diría que te amo.

miércoles, 22 de julio de 2009

Buenruín

La comida se sirve a las tres de la tarde, no tenemos desayuno y la cena consiste en un buffet de verduras crudas y cocidas. Recibimos visitantes mudos, venidos de todos lados, menos de la ciudad. Gente extraña, huraña; de las que se desvanecen en cuanto hablan, de las que no saben mucho de cariños, de los que han perdido los modales. Contamos con una sala común con televisión y chimenea, a las doce de la noche se apagan las luces; no se permite la entrada a ningún tipo de compañía nocturna.
Solemos divertirnos con los jóvenes que solitarios buscan olvidarse en los brazos del otro, con una pasión discreta y oscura.
Vivimos de sus propinas raquíticas, de su indiferencia pasiva. Ninguna estancia puede ser de más de cinco días y siempre, en domingo, debe de haber un cuarto libre. No hacemos ninguna junta de empleados, nadie lleva las cuentas de la casa y nuestro abogado vive en Roma a expensas de una gobernadora republicana. Sólo el señor Buenruín, el huésped de la habitación dominguera, se encarga de la administración del lugar.
De su antigua ferocidad sólo permanecían sus ojos de buitre, amarillos y violentos. Su cuerpo compacto, semejante a un cohete no dejaba olvidar sus antiguas hazañas, el viejo no se daba por vencido. De sus ácidas quejas y reclamos no quedaba mucho, había dejado el amor a la perfección por un amorío de tipo laberíntico. El desorden y el caos lo movían; poco a poco, como un hongo, crecía en él una pasión por los rompecabezas.
Pedía cuidados y a cambio entregaba su silencio, tranquilo, pacífico, ignorante de su propio secreto. Aún no había aprendido a dar las gracias y estas nunca serían por el dadas. Perdía la memoria, olvidaba su nombre, no entendía las normas de la casa.
Cuando alguno de esos topos, nos dejaba disfrazado de turista, el viejo enojado reclamaba su regreso; cuando él mismo, desde el primer día de trabajo esa primera ley nos grabó en la mente: "Nadie se quedará más de cinco días." Norma necesaria para prevenir su paranoia persecucionista.
Los domingos recolectamos manzanas para este anciano carroñero, antiguo gobernante del pueblo Buen, anti-socialista, anti-semita, anti-feminista, anti-gay, anti-sensualista, anti-dualista; quien creía en lo bueno y lo no bueno, lo muy bueno y lo super bueno, punto final. Abandonado de sí mismo, sentía, por primera vez en su vida algo parecido a la felicidad; él que con tanta resolución venía cada semana a dejarse morir.

lunes, 20 de julio de 2009

Moon and moon

Bat for Lashes and The Cure
Tell me love you ain´t gonna leave me,
tell me it´s always being like this.
Take my hand,
lead me to nowhere,
take me somewhere.
Forget about us,
we ´ll start all over.
ll be boy and you´ll be girl,
ll be lazy butll love you,
and yeah, it´s not gonna change.
So don´t worry dear,
I ain´t quitting you.

sábado, 18 de julio de 2009

La tramontana (bis)

Cuando llevé a mi madre a Zacatecas con la promesa de hacerla muy feliz no pensé que allí también estuviera la tramontana; pensé que era cosa del clima de Barcelona y de los mitos de su gente. Así que en nuestras maletas llevábamos faldas coquetas, shorts de turista inglés y tops que dejaban al descubierto nuestros blancos hombros. Nos fuimos con unos jeans y una sudadera Gap (que ya no están a la moda). Y sin mayor adorno que nuestros tenis converse, pésima elección para cualquier viajero experimentado, pero nosotras éramos amateurs, punto final.
La primera impresión de la ciudad dejó a mi mama atónita, cada casa, callejón, museo o planta era motivo de gran admiración. Si el suelo no fue alabado con el mismo fervor que las edificaciones del lugar, fue porque mi madre como buena argentina no ve mucho hacia el piso. El hotel estaba lleno, pero casualmente tenían lugar para dos, una verdadera maravilla. Y como buena Beirutti esperaba que la invitara a tomar un café en alguna de las plazas que tanto había admirado. Así lo hice, tomamos un nuevo camino de calles escurridizas y escaleras verticales. Los restaurantes estaban cerrados, también los bares, ni un solo café estaba señalado, empezaba a hacer frio. La noche se anunciaba majestuosa, con un viento inquieto pero aún controlado, vi un restaurante, noté una campana, nos abrió un joven italiano de sonrisa blanca.
El lugar era cálido, de paredes lisas color hueso. Mama tenía miedo, la delataban sus ojos pero su voz sólo emitía en tono de reclamo la promesa que le había hecho, la dejé hablar. Rolando nos tendió un menú a cada una, ambas pensábamos que era un nombre terrible para alguien tan guapo, pero ya no había remedio. Ella tomó una cerveza acompañada de un queso fundido y yo un burrito con una negra modelo. El lugar estaba lleno, gente de por allí, visitantes y extranjeros; nadie se sorprendía cuando el viento azotaba contra los vidrios de la puerta. Finalmente dieron las diez, el hotel cerraba a las once. No, sinceramente era posada, pero si mi madre se entera que se los dije nunca más consentirá un viaje que no incluya hospedaje en el Ritz. La puerta no podía abrirse, recordé que la hermana me entregó un número de teléfono, listo, un taxi colectivo pasaría por nosotras. Las calles vacías ostentaban la sobriedad de sus paredes blancas y talavera rosa. La posada funcionaba con velas, mama lloraba y sus labios me maldecían.
Las ganas de tener un buen desayuno bajo en sol nos motivó dirigió hacia la catedral. Con la esperanza de encontrar alguna mesa con café americano y pan tostado bajo los soñolientos rayos del astro anduvimos muchos o varios metros. Nada. Las tiendas habían abierto, pero no así los negocios de tipo gastronómico, entramos a un sanborns, casi malhumoradas. A las seis volvimos al hotel, jugamos ajedrez, hicimos uso de la limitada biblioteca del lugar, vimos la tramontana pasar. No pudimos odiarla, era el perfume exótico de la noche que invocaba a los locos y a los borrachos a la calle para aniquilarlos con su beso fatal.
Sí, mama y yo nos fuimos en cuanto volvió la mañana.

viernes, 17 de julio de 2009

Reign over me

Me pregunto donde estas amor,
me pregunto porque no puedo besarte,
me pregunto que haces en esta noche cálida sin luna y sin estrellas,
sin tus caricias.
Te invoco a mi lado y creo que respondes,
como un murmuro dentro de mi piel,
despierta la sensualidad,
me desenvuelvo entre notas musicales,
me desnudo ante ellas porque tú no estás.
En qué piensas ahora corazón, lejos de mi,
lejos de ti.
Te extraño y hacia el cielo levanto mis ojos ya no tan verdes,
mis lágrimas ya no tan puras,
te espero siempre y tú llegas con tus manos llenas de rosas.
Besame amor,
besame que no recuerdo como es que me tomas,
como es que me haces tuya.
Quiereme como a una mariposa, frágil y venenosa.
Ámame como a la luna,
ámame con ternura, pasión y entrega
que yo ya soy tuya.
Te amo y lo sabes, pero no estás ahora.

miércoles, 15 de julio de 2009

Pantera

Sé que a diferencia de lo que los demás piensan no obré con indiferencia, ni ignoré sus miradas ásperas cuando una vez más me vieron salir por esa puerta. Tampoco pasó desapercibido el hecho de que una vez más te habías quedado dormido, pero no me querías decir nada y yo sólo te besaba.
También sé que hoy tomé la decisión final de esta vida que parecía destino, pero por suerte no lo es. Te tomé a ti por encima de todos, y aunque sabía que tenias miedo huimos. Huimos de ellos todos y sí, un poco de nosotros mismos. Perdimos en el camino o dejamos caer perlas de tristeza; descubrimos vetas de felicidad donde los mineros pensaban que sólo había estatismo.
Me tacharon de egoísta en ese lugar de inciensos hindúes y tienen razón.
Hoy no salió el mismo sol que ayer y definitivamente no es la misma luz del mes pasado. Vuelvo siempre al primer beso mudo y no encuentro nada, sino símbolos. Ellos no lo saben, pero mi historia está escrita en ese lenguaje de signos frágiles y tormentosos. Ellos no ven mas que sus páginas llenas de polvo guardadas por el olvido.
Duermes, guardo en la piel tu beso, te lo entrego, lo guardas, sonríes. Y las manchas sólo se ven a contraluz.

domingo, 12 de julio de 2009

Jerez

Me encontraba, como de costumbre, en uno de los bares de la plaza. La cerveza se había encarecido y ya no tenía monedas para tomar el autobús. No importaba. Ya que el sol nos seguía vigilando aproveché la ligera luz para leer el periodico. Era la hora de cerrar el changarro, sólo percibí una foto y uno que otros encabezados, todos igual de malos. No tenía nada más que hacer, así que caminé alrededor de la fuente hasta que la foto de uno de los periódicos me volvió a la mente. Era Alejandra Felgueres, con más arrugas y una mirada más agresiva; pero, indudablemente se trataba de la misma muchacha que conocí en la sierra en el 94. En ese entonces yo sólo tenía 18 años, iba de turista snob a conocer los templos y ruinas de la zona, ella iba como socióloga. A pesar de la diferencia de intereses me dejó emprender el camino con ella. No hablaba mucho y lo que les contaré es información posterior a su encuentro. Su padre fue un exiliado europeo que llegó a México a formar una familia, pero tan pronto supo que podía volver a su país dejó a Alejandra en brazos de su madre. Otros exiliados hicieron lo mismo, prometiendo a sus esposas visas para que pudieran alcanzarlos, pero nada.
Alcazar, su pueblo natal, no tenía mayor edificio que una iglesia rosa y una casa con terraza para el gobernador. Las demás construcciones estaban incompletas. Las calles eran polvo, las casas color, las banquetas portaban arbustos, los techos lámina, las puertas celosía. Con rencor había crecido Alejandra entre el sol desértico y la tierra roja de su patria, con recelo recibía a los turistas que visitaban la iglesia mundialmente apreciada. Nunca se quitaba el aro de la nariz y en su espalda, marcado con fuego, estaba el símbolo del agua. No vestía como chichimeca, sabía inglés, alemán y español, pero sólo hablaba este último.
No lograba recordar su rostro ni cuerpo, la foto mostraba a una mujer cansada y dura. Las arrugas enaltecían la belleza de antaño, como trofeos acumulados, hacían saber que su portadora las había ganado una a una. Rodeaban a unos ojos de zafiro de mirada felina. Sus labios delgados mostraban una ligera sonrisa de quien ha sido vencido y reconoce la astucia del enemigo. Me molestaba haberla visto en el periódico, esas no podían ser buenas noticias, sin embargo, su mirada por alguna extraña razón me infundía tranquilidad. Volví a casa esa noche, cansada y cabizbaja, tomé un té de canela, ella siempre lo tomaba, excepto hoy. A la mañana siguiente volvieron los guerrilleros a la ciudad, el leopardo de nuevo nos había atacado.

San Miguel de Allende

Te dejaste seducir por sus joyas de plástico,
cuando las tuyas eran de esmeralda.
Ignoraste su impiedad,
cuando tu tierra roja todavía le rezaba a Tláloc.
Empezaste a bailar con tu ritmo norteño
unos swings que no te quedaban.
Dime María que hiciste del acordeón,
dime María si aún cantas.
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Nada, te recorro palmo a palmo
pero no estás, no eres tu.
Parece que oigo tu voz,
pero es una extraña la que canta.
Esa voz, María, la vendes a esos extraños
que con baratijas te pagan.
Sí, aún te ves linda,
con tus alhajas,
que no son ámbar ni esmeralda
y no significan nada.

martes, 7 de julio de 2009

The light at the end of the tunel

Caminaba por una de las calles empedradas de revolución, el calor se había asentado en el aire de la ciudad, ya eran las doce. Conocí a Anna T., tendría dieciocho años, una trenza negra como de cuervo, su rostro era más bien pálido y casi toda su belleza la portaban sus voluptuosos labios. Era la quinta vez que el florista me veía con su cara de antojo, no me había dado cuenta hasta ahora, de nuevo estaba perdida. Me acerqué a ella, su perfume era Ralph o algo así, coqueto. Pedí informes para llegar a la parada de autobuses o al metro barranca (aunque lo sabía retirado), me dijo que la siguiera, compraría flores e iría también a casa. Por suerte fuimos a otra calle para ver a la florista, compramos girasoles, no, ella los compró, yo sólo estaba. Anduvimos sin vernos (o eso creo) mas de dos cuadras, hasta que sentí la necesidad de verla y lo que ví debería enojarlos, uno a uno los pétalos de los girasoles caían al suelo. Esas flores deberían ser tratadas como damas, saludan y despiden a su padre con un donaire propio de quien es de alta alcurnia. Sus ojos veían con cierto desconcierto el movimiento mecánico de sus manos, pero sus labios delatores presumian una sonrisa diabólica. Me volteé de nuevo a ver mis pies en el suelo informe, estaba asustada. Su mano me tomó del brazo, oí que lloraba, la volví a ver, su boca no acertaba en formar un sonido. No podíamos detenernos, la gente nos empujaba sin pedir perdón, sin hacer caso a nuestra extraña presencia. Caminamos lentamente, sin dirección alguna, la dejé llorar, palos verdes hacían las veces de girasoles, era una imágen triste. Anna finalmente dejó de llorar, me dijó que tenía miedo, que se sentía atrapada en un túnel lleno de un aire espeso y pesado, sin entrada y sin salida, como si hubiera nacido en él. Le dije que eso era imposible, porque si naces en esa clase de túneles nunca llegas a enterarte que estás en ellos. No me hizo caso, no tenía que escucharme, sólo necesitaba hablar. Le pregunté si el túnel tenía estrellas o no, me dijo que sí, pero que no eran siempre las mismas. Me sorprendía la calidad de su observación, la gente que nace en túneles no suele darse cuenta de esos detalles y ese es su mayor error. Luego dijo que tampoco sentía un arriba y un abajo, no porque no los hubiera, siempre están, sino porque eran lo mismo. Eso me sorprendió un poco, ya había escuchado eso antes, sólo que no lograba recordar donde... La escuché attentamente, entre sus ojos tristes se asomaban ideas brillantes y observaciones del mayor ingenio. De nuevo sus manos comenzaban a destruir, esta vez era una simple servilleta y sus labios mostraron, una vez mas su provocadora sonrisa. Ahora hablaba como si quisiera conquistarme, decía que aquél túnel no sólo eran estrellas y oscuridad, sino que cuando uno sabía buscar encontraba hoyos de luz verde o naranja, nada muy emocionante. Me extrañó que no mostrara mayor entuciasmo al respecto, era la primera persona que encontraba luz en esos monótonos túneles y lo consideraba despreciable. Claro, le hice notar aquello y soltando una gran carcajada me tomó del hombro y dijo:
- "No seas ingénua, la luz en sí no vale nada, moriré donde nací y tú lo sabes. Ahora, lo interesante, y pensé que lo notarias, es que puedo vender esa luz a los pobres que aún no se dan cuenta de su miseria."
- "¿Y porqué harías eso?"
- "Porque puedo."
- "¿Y ellos no?"
- " No, porque no saben."
En ese momento dejó de sonreir, lo cual me alivió de sobremanera. Lloró de nuevo, pero de forma más discreta. Me pidió perdón, también que no la olvidara, así aunque sola le serviria como consuelo saber que existo y pienso en ella, fuera del túnel. Le prometí que no la olvidaría, y hasta escribo esto con la esperanza de que ustedes tampoco lo hagan...
Sonó su celular, dió indicaciones del café en el que estabamos. No tardó en llegar un joven apuesto, rubio de ojos de almendra, en un ibiza amarillo del año. No se despidió de mi, ni él me saludó, estaba enojada, no con ella, sino conmigo, ¡que ingenua! Me convenció, como toda buena negociante, le compré un pedazo de luz. El más fugaz, el menos lúcido, el menos tranparente, el más liviano, enfin, yo seguía perdida.
Alicia agradece a la bella Julia por la inspiración de este relato no tan ficticio.

jueves, 2 de julio de 2009

Los gemelos

Me encanta oírlos caminar en plena noche, con sus pasos ridículos que anhelan ser mas discretos. No, los pasos no anhelan en sí, eso me daría miedo. Se desvisten timidamente en la oscuridad, intimidados por el escándalo que provoca su ropa en el suelo. La cama rechina, quieren silencio, pero la madera insiste en crujir, pobres no saben que hacer. Nada. Mentira, insomnio, dan vueltas en la cama, hace calor. La parte divertida es cuando la sed ordena un vaso de agua inmediato. Las precauciones tomadas al principio son ahora inútiles, la puerta del cuarto rechina, en la cocina se oyen varios vasos chocar... doblan el ruido, ahora ya no me estoy tan contentilla. Sin ninguna señal de civilización vacían esos vasos espantosos.... qué repugnante. Recuerdan que no deben hacer ruido, vuelven al cuarto con una torpeza de encanto, tampoco durmieron esa noche.

martes, 30 de junio de 2009

Periférico

El aire no se dignó en mover una sola hoja del árbol casi muerto, tampoco le molestó la idea de tener a más de medio periférico en agonía casi absoluta, y mucho menos le interesaba enterarse que en cada puente el CO2 se acumulaba en cantidades poco saludables. El viento reposaba su aliento fresco sobre las nubes grisáceas de la ciudad, haciendo temblar a cuanto avión osara acercarse. Y debajo de esa nata de suciedad y vapor casi agua, los autos seguían inmóviles, la mayoría sin aire acondicionado...Felipe no soltaba el volante ni apagaba el motor, a pesar de ser inútil tenerlo encendido.
Algunos débiles ritmos caribeños intentaban aligerar ese aire concentrado y con sus suaves marimbas pretendían maquillar los rudos rayos del sol; el cual consideraba divertida la desesperación de los conductores. La música trabajaba en vano, sus acordes eran sofocados por el llanto de un bebe acalorado y de su madre alocada devota del acto del claxonear . Él no estaba molesto, no estaba en lo absoluto. Venía de casa de la huera; nada especial, se besaron, se tocaron y murmuraron tiernas palabras para siempre grabadas en su mente. Una rutina que había comenzado a apreciar, que parecía otra bajo su mirada, con el roce sus labios. No, no la quería, las había mejores...pero no podía evitar pensar en las lágrimas de sus ojos, que como gotas de rocío amenazaban con caerse de la hoja. El infante, con la fuerza de un titan, retomaba su llanto desgarrador y la madre bañada en sudor agrio usaba los papeles del seguro como abanico, por cierto inútil. Era gorda, de piel rosada como de turista inglés, sus ojos almendrados permanecían ocultos entre las carnes de su rostro y sus labios delgados dejaban pasar improperios cada treinta segundos. En cambio, su hijo gozaba de la belleza tierna de los de su edad, con unos ojos azules que le facilitaban el perdón de todo adulto a pesar de sus gritos.
Volvería a verla mañana, pensaba Felipe, los días habían sido de lluvia y sí, lo asustaban los truenos. Los autos volvían a encenderse, nadie se movía aún, aquellos con aire acondicionado subían los vidrios de sus polvorientos autos, sin mostrar señales de alivio por la esperanza de cierto flujo vehicular. A nadie le importaba ya el aire, ni siquiera a la señora del abanico improvisado. Avanzaban lentamente las tres filas del periférico con un orden casi mecánico, tétrico, como si se dirigieran al lugar de su castigo final, todos culpables. Los primeros truenos de la noche se anunciaron con gran donaire en el cielo aún iluminado y gris. Felipe tenía miedo, del ruido, de la gorda, del bebe, del lento proceder de esta fila interminable. Prendió un cigarro, sabiendo que sería el último y cuando llegó al filtro lo dejó caer en el asfalto tan lleno de aceite. Suspiro...mañana no la vería y sí, le dolía.

jueves, 25 de junio de 2009

Dangerous

La siguiente noticia puede o no interesarles, pero es de gran urgencia transmitir la pena que me provoca el fallecimiento de uno de los mayores ídolos de mi infancia: Michael Jackson.

Por eso hoy canté, bien o mal, él lo sabrá juzgar las siguientes canciones:
- She drives me wild
- Remember the time
- Black or white
- Who is it
- Give in to me
- Will you be there

Su muerte será su renacer.. de alguna manera.

Para Felipe el grande

Te amo
con mis besos de agua,
te tomo
con mis dedos de espina.
Y tu sangre transparente
corre por tu cuello negro,
sucio por tanto manoceo
de las mujeres del instante.
Te amo aun cuando encuentro,
impresas en tu rostro
sus garras rapaces
y por cuyas cicatrices
todavía sientes gusto.
Te bebo buscando tu dolor,
sucio como el de ellas;
te beso para extraer las huellas,
culpables de tu falta de amor.

miércoles, 24 de junio de 2009

La extranjera

Jamás se supieron engañados aquellos novios quienes en sus ojos veían ligeras huellas de amor y nostalgia. Tampoco ella estaba enterada del crimen que cometía al decirles que los amaba. La extranjera venía a conocer la ciudad y los hombres pasaban ante ella como parte del escenario. Y, quizá para ellos la extranjera era el escenario y de ser así que pobres se quedaron.

Los ojos de ésta, debo admitirlo, no envidian a todos los que haya visto en la vida. Son una mezcla de olas verdes en un fondo azul, se oscurecen cuando llueve y brillan con los primeros rayos de sol. Además, parecieran estar más conectados con los fenómenos meteorológicos que con el corazón de la joven, lo cual, interpretado por sus ingenuos amantes era prueba de su intrigante misticismo.

En breve, no podemos decir que ella fuera culpable de dar fin a los suspiros de aquellos, y éstos no son sino víctimas de una fuerza superior. Humedecía sus labios antes de fumar, usaba lentes oscuros de montura amarilla, nunca dejaba en casa su bufanda morada ni cambiaba su morral roto por los tantos nuevos que le habían regalado. Leía libros en idiomas que aún no comprendía cuyas portadas siempre eran exquisitas, usaba tenis rotos y un corte de pelo “europeo”. Al hablar invertía el orden natural de las oraciones a tal grado que usualmente ella tampoco sabía qué decía, sin embargo, sus amantes siempre lo supieron.

Olvidada, despreciada, subvalorada; la extranjera huía de un país que no era el suyo y cuya tradición la constituía, se escondía de su propio pensamiento, no había mayor secreto. En labios desconocidos abandonaba sus miedos, quedando desnuda como los árboles en otoño. Y desnuda usaba de vestido las palabras con las que los amantes la adornaban. Ella era la poesía que cada uno se hacía de ella, el reflejo de un clima inestable. Sí, yo también me enamoré de los ojos de la extranjera y sólo soy parte de esa enredadera que la envuelve y embellece.

domingo, 21 de junio de 2009

Odio reprimido

Now that you've found it, it's gone
Now that you feel it, you don't
You've gone off the rails
So don't get any big ideas
They're not going to happen
You'll go to hell for what your dirty mind is thinking
To live life outside of the world
To break the cross that bears her name
She's not your queen anymore, queen of the highway
needs something better than learning away

Calling moon and moon
Shoot that big bad hand
It'll drag me to your door
And I won't see you no more
[And] I know I never never never gonna leave your babe

But I got to go away from this place,
I've got to quit you,
yeah Baby, ooh don't you hear it callin' me?
Can't you go? don't you lie
there's been times when I felt good because you're hurt inside
no that's not true, I'm just acting tough.
I don't know what it is I'm feeling,
I don't know if you are enough.
Is it so hard
every time I say
"won't you come and fight with me"?


Fuentes: Bat for lashes- moon and moon
prescilla
Radiohead- nude
Led Zeppelin- Babe, I´m gonna leave you
lostprophets- and she told me to leave

Hell is the only truth

Solo tengo
Una hora
Y me duermo
Terminado
Por veinte y cinco
Años pasaron
Siguen los cuerpos
Aqui temblando
Tome la sangre
Comi el cuerpo
Mis lagrimas
Quiebra el espejo
Y ya no me estoy enamorado
con tus mentiras
el infierno me duermo
por que el infierno es la unica verdad.
[Y] Ese sol
con su pierna guapa,
tu dolor
es pura santa,
y, ya que caiste de este mundo
cargo una navaja
dios mio
para ti
en mi vida,
el oscuro me mantiene
cuando dios se rie de mi alma,
cuando el sol calienta el agua.
Fuentes: Devendra - Inaniel
Mars- L via viaquez
Asilos Magdalena